ENTRADA
Hace tiempo que tenía la intención de escribir sobre lo que supone para el movimiento slow, la vida en el entorno urbano. Y es que, allí precisamente, en esas ciudades en las que vivimos casi todos, es donde más se puede observar la verdadera dimensión de la vida acelerada.
En el dia a dia de estas ciudades es donde más se nota que el ser humano ha perdido la independencia de dirigir sus vidas de manera autónoma. Hemos cambiado (yo mismo vivo en una ciudad), nuestras costumbres de siglos para acomodarnos en unos pocos de años a la dictadura de la vida urbana. Los atascos de las idas y vueltas al trabajo o a llevar a los hijos al colegio; las jornadas en centros donde apenas vemos la luz del sol; los objetivos laborales que, una vez cumplidos, crean otros objetivos más importantes; los centros comerciales; el humo; las prisas... Y no se crean que esta dictadura es patrimonio exclusivo de la ciudad. Al contrario. La fuerza de la prisa acecha cada vez con más fuerza a los pueblos y zonas rurales. Pero ojo. No se trata (ya se dijo) de volver a vivir moviéndonos en carros o proponer que todos vivamos en cuevas como en el paleolítico.
ACTITUD
Hace unos día puse el ejemplo claro de como una persona puede pasar las 24 horas de su día consumiendo y sin ni siquiera ver la luz solar. Mucho más común es ver como pasan los días sin tener contacto alguno con algo distinto a paredes, techos. Y esto, por desgracia, es cada día más común.
Todos nos hacemos una idea de lo que significa vivir con estrés y sentir como la única brisa que nos acaricia el rostro es en realidad, un puñetazo del aire acondicionado que alguien puso a 15 grados en agosto.
Pero, por cambiar, imaginemos por un momento, cómo sería nuestra vida en una ciudad que, al menos mínimamente, acordase adoptar algunos de los principios que el movimiento slow propugna.
Nos tendríamos que levantar tan temprano como siempre, pero en vez de coger el coche para nosotros solos, nos llevaría el autobús u otro transporte urbano. Transporte urbano poco contaminante que costaría poco a nuestros bolsillos. Nuestros hijos irían a colegios situados cerca de nuestro domicilio y nuestro trabajo se ubicaría en una zona de fácil acceso. Incluso, en caso de que la empresa estuviera razonablemente cerca, se podría ir en bicicleta o andando. Los parques deberían ser numerosos y estar debidamente cuidados (tanto por el personal del ayuntamiento como por nosotros, los usuarios). Nos sería posible visitar el centro, con sus tiendas y restaurantes, andando tranquilamente un domingo con nuestros hijos. Ya que el tráfico (al tener un servicio de transportes adecuado) estaría permanentemente prohibido en las zonas céntricas. llevaríamos a nuestros hijos a esos parques y a las zonas céntricas sin tener que preocuparnos de que crucen la calle. Y al finalizar nuestro día podríamos pasear viendo el cielo estrellado, ya que esas miles de farolas serían sustituidas por una iluminación sensata.
Bueno, el deseo se podría expresar en detalle. Se podría seguir así páginas enteras y seguro que a usted se le ocurrirían otras cosas fácilmente aplicables a su ciudad. Pero convertir el deseo en realidad es difícil.
CITTASLOW
www.cittaslow.es
Hay una respuesta para cada ámbito en el movimiento slow. Y ésta se llama cittaslow
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| By: cittaslow.com |
Se inició en Italia en el año 1999 con la finalidad de combatir el ritmo de vida frenético actual. En estos momentos se ha convertido ya en una red de ámbito internacional con numerosas poblaciones adheridas a nivel mundial.
Hace unos día escribí un pequeño esbozo de lo que, para mí, significa y comprende el slowfood. Y una de las características principales que destaco es su organización. Pues bien , si el movimiento slow comprende casi todos los aspectos de la vida y lo hace de manera que no se encuentra ubicada en ninguna sede, comité o similar, aquí en cittaslow no se dan estas características. Aquí un comité se encarga de que la ciudad candidata cumpla una serie de requisitos. Y tras cumplir satisfactoriamente esas pautas y pasar un exhaustivo examen por parte de representantes de ese comité, consiguen entrar en esta red de ciudades selectas integradas en el movimiento slow.
Alguno puede pensar que es sospechoso que se realice un examen o algo así. Pero hay que entender que es una buena idea poner unos mínimos para que ese sitio catalogado como ciudad slow no nos defraude ni a usted, ni a mí cuando las visitemos.
Para formar parte de dicha red, los municipios aspirantes deben reunir una serie de requisitos entre los cuales destacan los siguientes:
- La aplicación de una política medioambiental basada en promocionar técnicas de recuperación y reciclaje de los residuos.
- La política urbanística ha de servir para mejorar el territorio, no para ocuparlo.
- El uso de los avances tecnológicos para la mejora de la calidad del medioambiente y núcleos urbanos.
- La promoción de la producción y uso de productos alimentarios obtenidos mediante técnicas naturales y compatibles con el medioambiente, sin incluir los productos transgénicos e implantando, si procede, servicios propios de defensa y desarrollo de producciones autóctonas.
- La potenciación de las producciones autóctonas vinculadas al territorio: se mantienen las tradiciones más ancestrales y se promociona la relación entre los consumidores y productores de calidad.
- La potenciación de la hospitalidad y convivencia entre los habitantes y turistas.
- La concienciación tanto de los habitantes como de los operadores turísticos sobre lo que significa el hecho de vivir en una ciudad slow y sus repercusiones, dedicando especial atención a la sensibilización de los jóvenes mediante planes de formación específicos.
- La población de las ciudades de la red no puede ser superior a 50.000 habitantes.
Sí, en efecto, el último punto pone una condición que el sitio donde usted y yo vivimos no puede cumplir. Pero que no podamos tener la suerte de vivir en una ciudad slow no significa que no podamos aplicar los preceptos slow. YA VERÁ COMO SÍ SE PUEDE.