EL MOVIMIENTO SLOW Y LA MEDITACIÓN
Todos nosotros nos encontramos casi siempre, en un estado de alteración permanente. Las obligaciones del día a día hacen que pasemos por esta vida sin darnos cuenta. Qué difícil es enfrentarse a todo lo que hay que hacer día tras día. Nada más levantarse, ya estás pensando en que llegue pronto la noche y pueda dormir de nuevo. Los niños deben ir a la escuela, la casa hay que recogerla, el trabajo hay que hacerlo y cuando vuelves a casa... vuelta a empezar.
Incluso en vacaciones, nos pasa lo mismo. Hay tantas cosas que hacer, que apenas estamos empezando una de ellas, ya pensamos cómo hacer la siguiente.
La velocidad del día a día nos ha ganado la partida. El reloj no solo marca las horas como en el famoso bolero, sino que además marca el ritmo de tu vida. Cuando tienes que despertar, cuando tienes que trabajar, comer, ducharte, leer... Además, por si queda algún momento del día que no tienes ocupado y repleto de tareas, el ser humano ha inventado la televisión. Con ella en casa ya tienes todo tu tiempo ocupado. Pasas por el día sin percibir lo que se te ha concedido, el regalo más grande de todos... la vida. Pasas por ella Sin darte cuenta de la brisa, del calor, de la sonrisa de tus seres queridos.
Las consultas de los psicólogos están repletas de personas de todos los extractos sociales que se hacen tratar toda clase de adicciones y de síntomas extraños. Hoy, ser psiquiatra es asegurarte unos ingresos económicos importantes. Las enfermedades de la mente son la gran pandemia de los países que se llaman civilizados.
Pero, querido lector, no se deje usted engañar. La enfermedad que tan eficazmente nos atenaza está
perfectamente localizada: ESTRÉS. Todos los días que pasamos sin darnos cuenta son días perdidos. La velocidad nos está abocando a la nada. A vivir sin nada que nos merezca la pena.
Las personas que tienen la desgracia de estar enfermas, intentan sanarse con todas sus fuerzas, y para ello utilizan todo el tiempo necesario para que el tratamiento diagnosticado por el médico surta el efecto deseado. Pero si el enfermo no sabe que lo está, seguirá haciendo lo de siempre y la enfermedad se hará visible cuando ya sea tarde.
Pues hoy, la mayoría de nosotros tenemos una enfermedad producida por la prisa que nos da de vez en cuando, una señal. Y llega un día que te sientes mal y no sabes por qué. Y llega una mañana que te levantas de la cama y no te acuerdas qué hiciste el día anterior. Y llega un cumpleaños en el que te das cuenta de que tus hijos han crecido y son adultos. Y te das cuenta de que todo ha pasado delante de tus narices y no estabas atento. Es que tenías prisa... ¿de qué?
ACTITUD
Uno de los mejores remedios que la cultura nos da, es poder adquirir hábitos que por lejanos o desconocidos no utilizamos. Y uno de los mejores remedios que existen para detener la vorágine diaria es parar. Así de fácil. Parece mentira, pero parar para luego seguir es el mejor remedio para ubicarnos como ser humano que percibe su entorno. En España es famosa la siesta, que no deja de ser un pequeño sueño reparador.
El padre de un amigo mio, me comentó que una siesta debe de ser lo suficientemente corta como para no aturdirte, pero para poder desconectar. Y decía que la siesta debe durar lo que un manojo de llaves en el puño sin caerse, cuando caen al suelo es que ya has dormido suficiente siesta.
Pero la siesta es también un lujo a extinguir. Está en proceso de desaparición, debido principalmente a la hora en que debe hacerse (después de comer).
Otra idea es meditar. Supongo que habrá personas que hallan fruncido el ceño cuando lean MEDITAR. Pero es lo mismo. Parar. Parar la aceleración del día y realizar un viaje interior de paz y serenidad. En definitiva, parar para luego llegar más lejos.
Pero ¿cómo meditar?. Pues yo poco puedo aportar, es una práctica que aún no he perfeccionado. Pero es fácil encontrar centros o cursos donde enseñan o, mejor dicho, dan pautas para que puedas aplicarlo a tu día a día. No se trata de llegar al 7º estado budista de la perfección, se trata de realizar un paréntesis. Una pequeña introspección que permita sanar nuestra alma y despertar nuestra sensibilidad hacia los estímulos externos.
No te dejes vencer por la pereza y haz un esfuerzo. Inténtalo y no te arrepentirás.
by JAVISER
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